Cada 9 de diciembre, desde 2003, el mundo vuelve a poner el foco sobre uno de los problemas más persistentes y dañinos de la sociedad moderna: la corrupción. La fecha, instituida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), busca promover políticas y acciones contundentes para frenar este fenómeno que afecta gravemente el desarrollo, la democracia y la confianza ciudadana.
De acuerdo con estimaciones de la ONU, la corrupción mueve cifras alarmantes: cada año se pagan alrededor de un billón de dólares en sobornos, mientras que otros 2.6 billones de dólares se pierden por prácticas corruptas. En conjunto, estos montos representan aproximadamente el 5% del PIB mundial.
El impacto es especialmente devastador en los países en desarrollo, donde —según los organismos internacionales— la pérdida por corrupción puede superar hasta diez veces los recursos destinados a garantizar servicios básicos y calidad de vida para la población.
Juventud en el centro de la campaña 2024-2025
La ONU ha enfocado la campaña correspondiente a 2024-2025 en un actor clave: la juventud. El organismo internacional impulsa iniciativas que buscan amplificar las voces de los jóvenes, promover su participación activa en la defensa de la integridad y visibilizar cómo la corrupción afecta directamente sus oportunidades, su entorno y su futuro.
El mensaje central consiste en empoderar a las nuevas generaciones para que exijan transparencia y contribuyan a construir instituciones más sólidas.
Un problema que trasciende fronteras
La corrupción, recuerda la ONU, no distingue entre países desarrollados o en desarrollo. Se manifiesta en distintas dimensiones —sociales, políticas y económicas— y puede deteriorar profundamente las estructuras de un Estado. Entre sus consecuencias más graves se encuentran:
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Distorsión de procesos electorales.
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Debilitamiento del Estado de derecho.
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Obstáculos burocráticos intencionales que facilitan los sobornos.
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Desaliento a la inversión extranjera y freno al crecimiento económico.