Según explicó Santana, la revisión del diseño original evidenció deficiencias estructurales y operativas que impedían poner en funcionamiento el recinto sin una intervención profunda.
Indicó que tales fallas comprometían la supervisión, la seguridad y las operaciones internas del centro penitenciario.
El funcionario sostuvo que el 80 % de lo ya construido requirió modificaciones significativas, desde los alojamientos hasta las áreas de seguridad y circulación interna.
“No era posible supervisar ni operar este centro con las condiciones en que fue recibido”, señaló.
Entre los ajustes realizados, Santana destacó la ejecución de 34 cambios principales, incluyendo 1,083 adecuaciones en celdas, donde fue necesario instalar paredes y puertas para garantizar la privacidad y dignidad de las personas privadas de libertad.

Asimismo, se rediseñaron accesos, se corrigieron errores en la distribución interna y se modificaron las estructuras perimetrales.
Como parte de estos trabajos, fue necesario construir 23 garitas nuevas y más de cuatro kilómetros adicionales de verja para asegurar el control del recinto.