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Sin boca, patas ni cerebro, pero capaz de comer, moverse y aprender

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Sin boca, patas ni cerebro, pero capaz de comer, moverse y aprender
El objetivo del experimento es observar los efectos de la ingravidez en el microorganismo y comparar el comportamiento de los especímenes en la Tierra con el de los enviados al espacio.

La Estación Espacial Internacional (EEI) se prepara para recibir un visitante atípico: el ‘Physarum polycephalum’, conocido popularmente como ‘blob’. Se trata de un organismo esponjoso y de color amarillo que durante años ha fascinado a los biólogos por sus peculiares características y que el pasado 10 de agosto entró en órbita para formar parte de un experimento educativo encabezado por el astronauta francés Thomas Pesquet.

El ‘blob’ apareció en la Tierra hace más de 500 millones de años. Desde su descubrimiento, ha provocado numerosos dolores de cabeza en la comunidad científica, ya que carece de boca, patas y cerebro, pero es capaz de comer, crecer, desplazarse e, incluso, aprender. Pese a que inicialmente se lo consideró un hongo, en la década de 1990 fue apartado de ese reino e incorporado al grupo de los amebozoos, al que pertenecen las amebas.

El objetivo fundamental es observar los efectos de la ingravidez en el microorganismo y comparar el comportamiento de los especímenes en la Tierra con el de los enviados al espacio.

«Hoy nadie sabe qué comportamiento tendrá en [situación de] microgravedad: en qué sentido se desplazará, si tomará la tercera dimensión yendo hacia arriba o en sentido oblicuo», dijo Pierre Ferrand, uno de los artífices del proyecto y profesor de Ciencias de la Vida y de la Tierra en el CNES.

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