Republicanos y demócratas ya preparan ceremonia de asunción del presidente

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Los resultados de la elección presidencial del pasado 3 de noviembre aún no son oficiales. Y sin un discurso por parte del presidente Donald Trump concediendo la victoria que los medios adjudicaron a Joe Biden, para muchos aún no es claro quién será el próximos presidente de los Estados Unidos. Pero hay un hecho seguro: en 69 días habrá un evento de cambio de mando, que en este país se conoce como la “Inauguración”.

 

La fecha, 20 de enero, será prácticamente lo único que se mantenga igual que en años anteriores. En plena pandemia por el coronavirus, atravesando un invierno que promete no ser fácil en términos médicos para este país, la inauguración sin dudas va a ser diferente.

Quienes decidirán cómo se llevará a cabo este acto histórico son los miembros del Comité Congresal Conjunto de las Ceremonias Inaugurales (JCCIC por sus siglas en inglés). El presidente de dicho comité es el senador republicano Roy Blunt, quien ya se ha reunido con la presidente de la cámara de representantes, la demócrata Nancy Pelosi, el congresista demócrata Steny Hoyer, el congresista republicano Kevin McCarthy, el senador republicano Mitch McConnell y la senadora demócrata Amy Klobuchar, para empezar a discutir los pormenores de la ceremonia.

La reunión no representa la aceptación de la derrota por parte de los legisladores del partido gobernante, ya que se realizaría de todas maneras, cualquiera sea el ganador.

Dadas las circunstancias extraordinarias, el comité invitó a María Lohmeyer, ex colaboradora de John Boehner y responsable de la ceremonia de inauguración en 2016, quien les presentó distintos escenarios posibles.

El tradicional evento con un escenario gigante, desde el que el presidente entrante pronuncia su primer discurso ante miles de personas paradas en los parques aledaños al Congreso de la nación, junto a un centenar de invitados VIP que tienen asientos asignados, no ocurrirá. El riesgo de transmisión del virus en un evento masivo de este tipo es muy alto.

Como mínimo se espera que se exija el uso de máscaras a todos los presentes. Definitivamente se limitará el número de invitados, así como el número de personas que se acerquen del público –o al menos se les exigirá mantener distancia social-. Como última medida contemplada, se le podría pedir a todo aquel que acceda al escenario principal que entregue un examen negativo de COVID 19 para poder pasar.

Dadas las circunstancias extraordinarias, el comité invitó a María Lohmeyer, ex colaboradora de John Boehner y responsable de la ceremonia de inauguración en 2016, quien les presentó distintos escenarios posibles.

El tradicional evento con un escenario gigante, desde el que el presidente entrante pronuncia su primer discurso ante miles de personas paradas en los parques aledaños al Congreso de la nación, junto a un centenar de invitados VIP que tienen asientos asignados, no ocurrirá. El riesgo de transmisión del virus en un evento masivo de este tipo es muy alto.

Como mínimo se espera que se exija el uso de máscaras a todos los presentes. Definitivamente se limitará el número de invitados, así como el número de personas que se acerquen del público –o al menos se les exigirá mantener distancia social-. Como última medida contemplada, se le podría pedir a todo aquel que acceda al escenario principal que entregue un examen negativo de COVID 19 para poder pasar. infobae.com

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