domingo , marzo 24 2019
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Una disculpa soberbia del procurador

Por: Leonel Martínez 

 

Siempre se ha dicho que las cuatro palabras más difíciles de expresar son: me equivoqué. Pido disculpa. Pero cuando esa frase sale del corazón produce un alivio del alma, como si nos quitáramos un gran peso de encima.

El país escuchó con asombro la empujada disculpa del procurador a la ofendida magistrada Miriam Germán, pero sin hacer leña del árbol caído, pareció la disculpa de un soberbio, de un niño que entre dientes pide excusas mientras zapatea con gestos de un malcriado. El procurador lució prepotente, incómodo, refunfuñón. Su ropa no tenía los colores de la humildad.

Nada engrandece más a una persona que la sincera disculpa, o el abrazo pidiendo perdón. Las lágrimas suelen caer y lo borran todo. La ofensa se disipa como las nubes del verano. Faltó el gesto elegante de reconocer el error frente a ese horror contra una dama de prestigio.

El procurador debe trabajar su ego interior porque es evidente que el exceso de poder marea a las personas. Y se comprende, porque la cercanía y el apoyo del más poderoso de los dominicanos hacen creer que se está a las alturas del cielo, muy próximo del Supremo.

Se entiende la preocupación del procurador por el caso de Odebrecht. Pero él no debe olvidar la máxima, “Deme las pruebas que las palabras están demás”. Por lo tanto, su pleito no es en la opinión pública sino en los tribunales. Mas al parecer el procurador ha confundido el escenario.

 Y que quede claro, que si los fiscales no logran probar perderán el caso de Odebrecht, aunque se excusen echándoles la culpa a los jueces. El mal de la corrupción no es solo el caso de Odebrecht, si el procurador desea combatir los expedientes pendientes, le faltará tiempo para una lucha de titanes.

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