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Un privilegio mortal

Por: Leonel Martínez

 

Sebastián Puello se sentía feliz durante su recorrido. La brisa peinaba su pelo encrespado a medida que aumentaba la velocidad de la motocicleta. Acelerar da un aire de placer y más cuando se han tomado algunos tragos. Esa noche, el joven sancristobalense celebraba sus 18 cumpleaños. La existencia le mostraba una alegre sonrisa y una triste despedida a la vez, pues su motor y su vida perecieron al chocar de frente con una “voladora”. Para los familiares, su pariente parece que “voló al cielo”. Sebastián es tan solo una gota de agua en el océano de los centenares de motoristas dominicanos que se marchan a destiempo por los accidentes de tránsito. Un mal que debe encontrar remedio con prontitud.

En una sociedad en la que el mundo urbano desplazó al rural y en la que el automóvil terminó sepultando al caballo como medio de transporte, manejar un vehículo de motor no es un derecho, es algo más, para muchos se convierte en un privilegio deleitable que le aporta encantos maravillosos a la vida. Sin embargo, para otros, -como Sebastián- conducir se vuelve en mortal privilegio que en ocasiones lleva a la tumba a centenares de personas.

Las cifras de fallecidos en las calles y carreteras del país son un escándalo planetario. Ellas muestran que de los 192 países pertenecientes a Naciones Unidas, República Dominicana ocupa el primer lugar entre las naciones con más muertes por accidentes de tránsito en el mundo, en relación a su población, con una tasa de 41.7 por cada 100 mil habitantes; según estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), seguida por Tailandia, con una tasa de 38.1 por cada 100 mil pobladores. Esa nación es un territorio de medio millón de kilómetros cuadrados y con 70 millones de personas. Otro Estado con alto índice de muertos en el tránsito es Venezuela, cuya tasa alcanza el 37.2. Este país sudamericano tiene casi un millón de kilómetros cuadrados y 28 millones de habitantes.

El caos del tránsito en República Dominicana posee números impactantes, los cuales crecen sin que la ley que rige el tráfico vehicular haya cambiado de manera significativa en más de medio siglo y sin que se logre crear el Ministerio del Transporte. Mientras tanto, como chivo sin ley, por nuestras vías corren diariamente 900 mil carros, cerca de 300 mil jeepetas, sumado a 78 mil 888 autobuses, además de 363 mil 439 camiones y camionetas, agregándose igualmente dos millones  doscientos 67 mil motores. Cifras que con otros vehículos registrados hacen un total de más de 4 millones de unidades. No se atrevan a preguntar cuántos policías de tránsito tenemos de servicio en las calles y autopistas de República Dominicana.

Una comparación hace entendible la dimensión del problema del tránsito: un panal de un millón de hormigas produce miedo y da una sensación de terror, aunque sus movimientos responden a una organización perfecta. Asimismo, dos millones de motocicletas es una cifra gigante en cualquier lugar del mundo. Por ejemplo, Estados Unidos tiene aproximadamente 400 millones de autos, pero su parque vehicular de motocicletas solo duplica a la existente en las calles dominicanas. Y pensar que allá no se usan los motores como transporte público, hecho que no evita su alto nivel de riesgo en accidente.

Hugh Curran, es periodista del “Sun Sentinel”, un diario del sur de Florida, en un artículo de opinión documenta y da sus razones por las que se debería prohibir la motocicleta en Estados Unidos. “Qué pasa si te digo que hay un vehículo que rebasa en un 500% la cifra de mortalidad respecto a los automóviles y camiones, produciendo una media de 72 fallecidos por cada 100.000 conductores. Ese vehículo sería un método de transporte estúpido y muy peligroso. Pero espera, que hay más. ¿Y si te digo que el 11% de los accidentes totales se da por este vehículo… Las estadísticas de choques establecen que las motocicletas son la forma más peligrosa de viajar. Los motoristas tienen 37 veces más posibilidades de morir en un accidente que los pasajeros de un vehículo y 8 veces más posibilidades de salir lesionados. Esta trampa mortal es la motocicleta, por supuesto. Creo que definitivamente deberían prohibirse”. Concluye de forma enfática.

“De acuerdo con un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la Situación Global de la Seguridad Vial 2013, sólo 28 países tienen leyes integrales para dar seguridad en el tránsito. Entre ellos no está República Dominicana. Según la OMS los cinco principales factores que influyen en que ocurran tantas muertes por accidentes de tránsito son: conducir bajo los efectos del alcohol, el exceso de velocidad, la no utilización del cinturón de seguridad, y del casco protector“. ¿Qué piensan los lectores cuando leyendo estas líneas alcanzan a ver a motoristas con su botella de ron en una mano y el casco amarrado en el sillón? ¡Qué país!

En la medida que el transporte público se vuelve ineficiente y que los tapones y el precio de los combustibles se incrementan, también suben los números de motores en el país, como si dos millones fuera poco, el año pasado se vendieron 69 mil 156 motocicletas, un promedio de 8 cada hora. Mientras que en México en el mismo período se vendieron 76 mil 961 motocicletas, pero la población de este país es de 112 millones y su parque vehicular de 25 millones de unidades de automóviles.

Para ciertos sectores latinoamericanos en cuyos países se aumentan también las motocicletas como vehículos de servicios de tránsito, el incremento de motos denota el fracaso en el transporte público. Una realidad similar a la nuestra, pues la inversión multimillonaria en los metros es un recurso más aparente que real. Planificación, presupuesto y eficiencia son las tres palabras guía en la ruta de soluciones en el transporte. Ese trinomio debe impulsar el nacimiento del Ministerio, no como suma de instituciones fantasmas, sino como buró ejecutivo de la política estatal del transporte.

Recientemente un diario de Guatemala anota: “Que el parque vehicular de motocicletas vaya en aumento en el Estado significa que hay menos personas utilizando el transporte público, y que en el fondo sólo denota el fracaso en la oferta de un sistema colectivo eficiente… Resulta obvio que esto ocurra porque estamos ante una descomposición brutal de la movilidad, es decir, ningún medio está bien reglamentado, al faltar regulación y al faltar alternativas, la gente busca soluciones a la mano y la moto es la natural solución porque es económica, y frente a una ciudad que está congestionada, implica una mayor posibilidad de circular a mayor velocidad”.

Parece que allá y en otros lugares de Latinoamérica en materia del transporte es urgente “hacer lo que nunca se ha hecho”. De esa forma se evitan las muertes de jóvenes como Sebastián Puello, porque en cualquier país del mundo es una gran tragedia no poderle decir jamás a una persona de 18 años de edad: ¡Feliz cumpleaños!.

ggnoticias01@gmail.com

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